miércoles, 23 de noviembre de 2011

Agonía

Silencio y oscuridad y palabras silenciadas por los labios que ya no me responden. Abrazos que no puedo dar porque mi piel ya no es mi piel y mis huesos que yacen sobre la cama blanca y aséptica del sanatorio se trocaron en piedra, milenario mineral de infinito peso que resiste mis ordenes.

Estoy tan confundida ahora, me encuentro corriendo por entre jardines y escucho voces que me hablan y me cantan dulces canciones que son mias y ajenas.

Tras una verja desigual de arbustos verdes que atravieso despacio perdida me vuelvo pez sagrado mientras una tribu de seres invisibles me pescan en un rio recóndito y despacio con delectación me devoran y mi cuerpo se desvanece en ellos para ser nada, vacio, sombra de un árbol enorme siempre verde y ahí vuelvo correteando con mis hermanos que se muertos hace tiempo y con mis nietos que adoro y que me miran y se rien divertidos apenas me reconocen.

Estoy perdida en este vasto jardín sin muros ni casas, apenas con bibliotecas desparramadas entre las sombras de los arboles, un sol moroso que a veces parece dormitar en su cenit y mis palabras que no me salen de los labios porque todo acá lo decimos en silencio. 

Me siento liviana y ductil y apenas me distraigo me convierto en ave blanca, lentamente revoloteo entre las puntas de los pinares que parecen infinitos en la distancia y el viento me acaricia tenue y dejandome llevar por la brisa siento la mirada de Dios en mis parpados. 

Pero algo me pesa entonces, caigo al suelo convertida en brizna de hierba menuda, verde apenas visible, julito viene y levantadome me abraza hasta que me convierto en baile, danzo y la pato se ríe a lo lejos de mis movimientos tontos y graciosos y yo trato de acercarme pero me disuelvo antes de llegar.

Entonces las voces que apenas oigo vuelven y mientras ellos lloran y me miran yo ansió contarles de aquel lugar en el que vivo soy feliz y todos estamos juntos, aunque mis labios convertidos en piedra se niegan a moverse yo me deslizo despacio a los jardines donde me sumerjo cada dia mas profundamente.

Soy tantas cosas en este pequeño mundo en el que todos nos queremos, libre, me convierto en aire y floto, me rio y salto convertida en la niña que fui y corro a los brazos de papa, el me abraza y nos disolvemos hasta ser luz estrellada en el firmamento, tras las vestiduras de la carne y las ilusiones del recuerdo descubro la verdad que después olvido.

Todos somos uno en este jardín y cuando el sol dormita entre los arboles siento la sonrisa de Dios y se que estoy muriendo porque las palabras que se pronuncian alla fuera son tristes y lúgubres, se que otros me acompañaran pronto pero acá la muerte no se conjuga porque el jardín es eterno espectral y jugueton y hasta el sol y las estrellas nos miran alegres desde el cielo y a veces nos tocan con su energía y nos llevan por el espacio en viajes que me llenan de una alegría enorme.

Cansada de ser dos, la materia que porto mi espíritu en la tierra se encoje entre sabanas mientras yo me convierto en luz, asciendo por las estrellas, Dios me mira a los ojos y siento el sumo amor y el sumo bien y se que soy todos y que conmigo están la Pato, Delia, Alonso, todos los que ame en la vida y juntas nuestras luces brillan en el firmamento y caen hacia los jardines para bañar las hojas verdes y las aguas de oscuros y misteriosos ríos donde se pierden los recuerdos de mi pasado en la tierra.

Apenas ha dejado de latir mi corazón allá fuera, un joven se acerca despacio a mi siendo niña me abraza y cuando me ve a los ojos se que es Jesús, entonces me sonríe y yo y mis recuerdos confusos terminan de desvanecerse y solo Amor siento el latir del universo en mis venas y se que estoy en el cielo.


Una combinación de dulzura, bondad sin limites y aguda inteligencia.



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